Ballet de Monterrey más que espectacular con Don Quijote

Del 22 al 24 de mayo, Ballet de Monterrey presentó Don Quijote en el Auditorio Luis Elizondo, en una producción que reunió danza, música en vivo, teatralidad y una renovada propuesta escénica. Bajo la dirección artística de Yosvani Ramos, la compañía llevó al escenario una de las obras más vibrantes del repertorio clásico, basada en episodios de El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, con coreografía inspirada en la versión original de Marius Petipa y música de Ludwig Minkus.

La presentación contó con la participación de la Orquesta Sinfónica del Tec de Monterrey, cuya interpretación en vivo aportó fuerza, dinamismo y profundidad a una obra caracterizada por su energía festiva, su virtuosismo técnico y su riqueza teatral. La música de Minkus, estrechamente ligada al carácter español de la pieza, acompañó cada escena con intensidad y color, generando una experiencia escénica de gran impacto para el público.

La historia de Don Quijote gira en torno al amor de Kitri y Basilio, dos jóvenes que desafían los planes de Lorenzo, padre de Kitri, quien desea casarla con Gamache por conveniencia económica.

Las bailarinas destacaron por la elegancia de sus líneas, la precisión de su técnica y la claridad expresiva con la que construyeron a Kitri, un personaje brillante, decidido y lleno de vitalidad. Por su parte, los bailarines imprimieron a Basilio un tono enérgico, ágil y carismático, especialmente visible en los momentos de mayor comicidad, como la escena en la que finge su muerte para obtener la aprobación del padre de Kitri. La química entre los intérpretes permitió sostener el pulso dramático y festivo de la obra a lo largo de sus dos actos.

La presencia escénica de personajes como Don Quijote y Sancho Panza permitió articular los distintos ambientes del ballet: La plaza del pueblo, el campamento gitano, la escena de los molinos de viento, el sueño de las dríadas y la celebración final de la boda.

Uno de los momentos más celebrados fue la aparición de los toreros, escena que tradicionalmente despierta entusiasmo en el público por su fuerza rítmica y su despliegue escénico. La energía del cuerpo de baile, junto con la participación de solistas y corifeos, reforzó el carácter festivo de la puesta en escena y mostró la solidez técnica de la compañía.

La escena fantasiosa de las dríadas, reincorporada por Yosvani Ramos para este montaje, añadió un contraste visual y poético dentro de la producción. El diseño de iluminación de José López Cristerna acompañó el carácter delirante del sueño de Don Quijote, creando una atmósfera distinta dentro de una obra marcada principalmente por el movimiento, el color y la celebración.

La renovación de escenografía y vestuario, diseñados por Marco Reyna, fortaleció la identidad visual de esta versión. El trabajo de maquillaje, a cargo de Juan Salinas, Kevin Cruz y Marco Reyna, también contribuyó a la construcción de los personajes de carácter, especialmente en los roles de Don Quijote y Sancho Panza. Cada elemento escénico permitió presentar una lectura fresca del clásico, respetando su esencia y potenciando su teatralidad.

Con Don Quijote, Ballet de Monterrey reafirma su compromiso con la excelencia artística, la formación de públicos y la presentación de grandes títulos del repertorio clásico en producciones de alto nivel. La colaboración con la Orquesta Sinfónica del Tec de Monterrey enriqueció la experiencia del público y confirmó el valor de reunir disciplinas artísticas en un mismo escenario.

Esta temporada representó una celebración del talento, la disciplina y la pasión que distinguen a Ballet de Monterrey. Don Quijote volvió a demostrar por qué los grandes clásicos permanecen vivos: Porque cada nueva interpretación permite redescubrirlos desde la energía, sensibilidad y visión artística de quienes los llevan al escenario.