Una noche de excelencia: la Gala de Otoño del Ballet de Monterrey
El pasado 24 de septiembre, la Gran Sala del Teatro de la Ciudad de Monterrey fue escenario de una velada extraordinaria con la tradicional Gala de Otoño del Ballet de Monterrey, una presentación que reunió distintas expresiones del ballet clásico y neoclásico en un programa de especial exigencia técnica y artística.
La gala permitió apreciar una de las cualidades que distinguen a esta institución: la capacidad de sus bailarines para transitar entre estilos, lenguajes coreográficos y demandas interpretativas muy diferentes, manteniendo un elevado nivel de ejecución.
El público respondió con entusiasmo a una presentación que reunió tres obras representativas de la amplitud del repertorio de la compañía: Hydra, el grand pas de deux de Don Quijote y el tercer acto de La Bella Durmiente.
Hydra: la fuerza de la expresión neoclásica
La velada comenzó con Hydra, una obra del reconocido coreógrafo estadounidense Robbie Fairchild, antiguo bailarín principal del New York City Ballet.
Creada para el Ballet de Monterrey y estrenada en 2024, esta pieza ofrece un lenguaje neoclásico que combina la precisión técnica con una expresividad contemporánea.
La interpretación de Laura Barbosa y Marco Cantú destacó por su coordinación, expresividad y complicidad escénica, en una presentación que puso de manifiesto la versatilidad de los integrantes de la compañía.
La presencia de Hydra en el programa tiene también un significado especial: demuestra que el Ballet de Monterrey no se limita a preservar los grandes clásicos, sino que continúa ampliando su repertorio mediante obras creadas específicamente para sus bailarines.
Don Quijote: virtuosismo y carácter
La segunda parte del programa presentó el célebre grand pas de deux de Don Quijote, una de las piezas más reconocidas y técnicamente demandantes del repertorio clásico.
Interpretado por Antonia Manrique y Axel Jaramillo en los papeles de Kitri y Basilio, este fragmento permitió apreciar la energía, el carácter y la exigencia técnica que distinguen a la obra.
Su coreografía, adaptada por Yosvani Ramos a partir de la creación original de Marius Petipa, había sido estrenada por la compañía en mayo de este mismo año.
La inclusión de este pas de deux representó un contraste particularmente atractivo frente a la propuesta neoclásica de Hydra, al llevar al escenario una expresión del ballet caracterizada por el virtuosismo, la brillantez y la fuerza interpretativa.
La Bella Durmiente: un cierre majestuoso
El momento culminante de la gala llegó con la presentación del tercer acto de La Bella Durmiente, una de las grandes joyas del repertorio universal.
Este acto, conocido por sus celebraciones cortesanas, variaciones y exigentes pas de deux, permitió ofrecer un primer acercamiento a la nueva producción del Ballet de Monterrey, cuyo estreno completo tendría lugar al día siguiente.
La participación de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, bajo la dirección huésped del maestro Rodrigo Macías, añadió una dimensión especial al cierre de la velada, al reunir la interpretación musical en vivo con el virtuosismo de la danza.
Una compañía en constante evolución
La Gala de Otoño confirmó el momento de desarrollo que atraviesa el Ballet de Monterrey.
La coexistencia de obras neoclásicas, grandes pas de deux y producciones clásicas de formato completo requiere no solamente bailarines de un elevado nivel técnico, sino también una estructura artística capaz de abordar propuestas de distinta naturaleza.
La prensa destacó precisamente la versatilidad de la compañía y la respuesta entusiasta del público, que reconoció con ovaciones el trabajo presentado sobre el escenario.
Más allá de una celebración anual, la gala dejó constancia de una realidad: el Ballet de Monterrey continúa elevando sus estándares artísticos y consolidando su lugar entre las instituciones de danza más relevantes del país.

