La Bella Durmiente: Un clásico que renace en el Ballet de Monterrey

El 25 de septiembre de 2026, el Ballet de Monterrey inauguró su temporada de otoño con el estreno de una nueva producción de La Bella Durmiente, uno de los grandes clásicos del repertorio universal y una de las obras de mayor exigencia técnica y artística para cualquier compañía profesional.

Después de once años de ausencia en su repertorio, la historia de la princesa Aurora regresó a los escenarios regiomontanos con una propuesta renovada, concebida para reflejar el nivel técnico, artístico e interpretativo que ha alcanzado el Ballet de Monterrey.

La producción, presentada en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad, constituyó uno de los acontecimientos más relevantes de la temporada artística de la institución, tanto por la magnitud de su realización como por la respuesta del público y el reconocimiento de la crítica especializada.

Una nueva visión de un clásico inmortal

Estrenada originalmente en 1890, con música de Piotr Ilich Tchaikovsky y coreografía de Marius Petipa, La Bella Durmiente ocupa un lugar privilegiado en la historia del ballet.

Su estructura coreográfica, la complejidad de sus variaciones y la precisión que exige a sus intérpretes la convierten en una de las obras fundamentales para evaluar la madurez artística de una compañía profesional.

Para esta temporada, el director artístico Yosvani Ramos desarrolló una nueva propuesta coreográfica basada en la obra original de Petipa, conservando su esencia clásica e incorporando una visión escénica renovada.

El resultado fue una producción de gran riqueza visual, en la que la escenografía de Jorge Gallardo, el vestuario de Marco Reyna y la iluminación de José Ignacio López Cristerna contribuyeron a construir un universo fantástico que acompañó la historia de Aurora, el príncipe Désiré, el Hada de las Lilas y Carabosse.

La excelencia técnica detrás de la fantasía

Más allá de su atractivo visual, La Bella Durmiente representa uno de los mayores retos interpretativos del ballet clásico.

La obra demanda equilibrio, precisión, musicalidad, coordinación y un dominio extraordinario de la técnica. Sus célebres variaciones, sus complejos pas de deux y sus grandes escenas de conjunto requieren una preparación rigurosa y un trabajo colectivo de enorme disciplina.

La prensa especializada destacó particularmente la interpretación de Laura Barbosa en el papel de Aurora, así como la actuación de Eduardo Diez como el príncipe Désiré durante la función inaugural.

La reseña publicada por Agencia Reforma resaltó la calidad técnica e interpretativa alcanzada por la compañía, así como la elegancia de su ejecución y el profesionalismo de sus bailarines.

Este reconocimiento adquiere una relevancia especial si se considera que la capacidad para presentar una obra de estas características constituye una importante manifestación del desarrollo artístico e institucional de una compañía.

La música en vivo: una experiencia extraordinaria

Las primeras tres funciones, celebradas los días 25, 26 y 27 de septiembre, contaron con la participación de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, bajo la dirección huésped del maestro Rodrigo Macías.

La interpretación en vivo de la partitura de Tchaikovsky enriqueció la experiencia escénica, al permitir que música y danza se encontraran en una expresión artística integral.

Posteriormente, la producción regresó al Teatro de la Ciudad durante octubre, ampliando las oportunidades para que nuevas audiencias disfrutaran de esta puesta en escena.

Una temporada que confirma el crecimiento de la compañía

El éxito de La Bella Durmiente representa mucho más que la presentación de un título emblemático del repertorio clásico.

Detrás de esta producción se encuentra el trabajo de bailarines, maestros, coreógrafos, diseñadores, técnicos y profesionales de numerosas disciplinas que hacen posible una puesta en escena de esta magnitud.

Pero, sobre todo, representa la consolidación de una institución que ha construido una trayectoria de crecimiento constante, elevando sus estándares y ampliando su capacidad para abordar producciones cada vez más ambiciosas.

Con esta nueva versión de La Bella Durmiente, el Ballet de Monterrey no solamente hizo renacer un clásico: demostró una vez más su capacidad para mantener viva la tradición del ballet, renovarla y proyectarla hacia el futuro.