Vértice: una noche de fuerza, precisión y diversidad coreográfica
El 25 de abril de 2026, Ballet de Monterrey presenta Vértice, un programa que reunió obras de distintas líneas coreográficas y permitió mostrar la amplitud técnica y artística de la compañía. Fue una noche en la que el escenario se llenó de sensualidad, energía y carácter, con un repertorio que combinó piezas clásicas, pasajes neoclásicos y propuestas contemporáneas de gran intensidad.
Desde el inicio, la compañía mostró un alto nivel de calidad escénica, con bailarines capaces de transitar entre estilos contrastantes y sostener una presencia sólida a lo largo de toda la función. El público se mantuvo cautivo casi por completo, gracias a la fuerza de las obras seleccionadas y al desempeño del elenco.
Un programa con distintas capas escénicas
La velada abrió con Serenade, una joya del repertorio de George Balanchine, interpretada con sincronía, fluidez y una atmósfera de gran lirismo. Con música de Piotr Ilich Tchaikovsky y un vestuario en tonos pastel, la obra permitió apreciar la precisión del cuerpo de baile y la elegancia de su ejecución grupal.
Después llegó Diana y Acteón, pas de deux del repertorio tradicional con coreografía de Agrippina Vagánova sobre música de Riccardo Drigo. Destacó la participación de la bailarina brasileña Laura Barbosa y del solista cubano Michel Parreño, quienes ofrecieron una ejecución limpia y de alta exigencia técnica.
El programa continuó con Diluvio, obra de Sonia Jiménez creada a partir de música de Maurice Ravel y con intervenciones electrónicas de Israel Torres. La pieza generó una atmósfera poderosa, cargada de intriga, contraste y movimiento intenso. La coreografía llevó a los cuerpos de los bailarines a jugar con la luz, la oscuridad y la plasticidad del movimiento, construyendo una fusión escénica desafiante.
Energía, virtuosismo y momentos de alto impacto
En la segunda parte del programa, Majísimo, de Jorge García con música de Jules Massenet, llenó el escenario de vitalidad, giros, saltos y posturas elegantes. La obra aportó un tono festivo y dinámico, mostrando otra faceta del elenco.
También formó parte de la noche Hydra, creación coreográfica de Robbie Fairchild para el Ballet de Monterrey, con música de Ben Waters. Esta pieza causó un fuerte impacto en el público, que respondió con aplausos a la interpretación del ensamble.
El cierre incluyó Llamas de París, pas de deux del repertorio tradicional, en el que Godoy fue descrito como preciso, seguro y elegante. Todos los momentos reflejaron la exigencia del programa y la diversidad de retos técnicos asumidos por los intérpretes.
Una compañía en movimiento
Vértice permitió apreciar a Ballet de Monterrey como una compañía capaz de abordar repertorios diversos, desde la pureza clásica hasta propuestas contemporáneas de gran carga física y expresiva. La función mostró disciplina, versatilidad y una búsqueda escénica que exige a los bailarines precisión técnica, presencia interpretativa y capacidad de adaptación.
Con este programa, Ballet de Monterrey reafirma su compromiso con una programación amplia, en la que conviven la tradición del ballet, la creación actual y la colaboración con coreógrafos de distintas trayectorias. Vértice fue, ante todo, una noche de contrastes: Una presentación donde la compañía exploró distintos lenguajes del movimiento y ofreció al público una experiencia intensa, elegante y profundamente viva.

